+ —Yo no he sido, ¡yo no he sido! ¡YO NO HE SIDO! Le dio otro bofetón, uno más fuerte que el anterior. El niño saboreó sangre. —Ya está a la cama sin cenar. Electra no podía seguir viendo ese espectáculo, así que corrió a consolar al niño quien había empezado a llorar. —Asegúrate de que no sale de su cuarto en lo que queda de noche. Así aprenderá. Y limpia el salón, este mocoso ha vuelto a romper una bombilla, —regia cual esfinge, Zegya decide volver a la fiesta, eso sí, tiene algo más que añadir—, y que no me entere yo de que le das comida a mis espaldas, muchacha, no me tomes por una tonta. Había acabado la fiesta para Yelisei. En la cama, seguía llorando mientras su estomado rugía. —¡Pero yo fui! ¡Yo no hice nada! ¡Yo no hice nada! ¡No es justo...! ¡Tengo hambre! ¡¡¡Yo no fui!!! Repetía una y otra vez las mismas palabras, a Electra se le rompía el corazón. Mientras todos cenaban en el comedor, ella fue a limpiar los cristales del salón con el llanto del niño repitiéndose en su mente en bucle. La duda pudo con ella, tenía que comprobarlo. Al mirar el interior de la lámpara lo vio: la combilla estaba mal colocada, se sobrecalentó. Yelisei era inocente. Solo cuando la fiesta terminó y todos se acostaron, Electra bajó a la cocina. Había sobrazo jamón, pero sabía que si lo tocaba Zegya lo notaría, así que llenó una bandeja con todos los blinis de caviar que pudo y llevó algo de embutido también. En completo silencio subió al cuarto del pequeño, ya no sollozaba como antes, pero sí seguía llorando y susurrando las misma palabras que antes. —Hola, Yelisha. Se escondió bajo las sábanas. —Venga, Yelisha... Que te traje comida, ¿no me vas a hablar? Ante esa oferta no podía negarse, el pequeño asomó la carita y al ver la bandeja se destapó entero, estaba ansioso. Eso sí, antes de llevarse el primer bocado a la boca bajo la mirada con resentimiento, sorbiéndose la nariz. —Yo no rompí la lámpara... —Lo sé, no fue culpa tuya. La bombilla estaba mal puesta, son cosas que pasan. —No es justo, siempre cree que todo lo malo es culpa mía. Los ojos de Electra se fijaron en la mejilla del niño, estaba inflamada y roja, ¿hacía falta esa violencia? —Electra... ¿Tú crees que soy malo? La pregunta la pilló desprevenida, ¿cómo responde a eso siendo sincera? ¿Sin hacerle dudar ni hacerle odiar a su abuela? Su trabajo es para él, pero la casa es de ella. —Yo... —Miró sus ojitos tristes, solo era un niño buscando compasión—, yo creo que eres malo y eres bueno. Todos somos así, es parte de la naturaleza humana. —Yo no soy humano... —Pero parte de tí sí. Eres cariñoso, pero también puedes ser arisco. Y rompes cosas, ¡pero tu recital de hoy fue precioso! La gente es compleja, Yelisha, no todo se define en bueno o malo. Tú eres tú, y yo te quiero así. Yelisei se quedó sin palabras. Empezó a morderse el labio y, de pronto, saltó a los brazos de la adolescente. Estaba empezando a llorar otra vez. Al menos ahora por una buena razón. —Yo también te quiero, Electra. —Venga, venga... Come rápido que tengo que recoger esto o tu abuela me matará.
Want to write longer posts on Bluesky?
Create your own extended posts and share them seamlessly on Bluesky.
Create Your PostThis is a free tool. If you find it useful, please consider a donation to keep it alive! 💙
You can find the coffee icon in the bottom right corner.