𝐘𝐞𝐥𝐢𝐬𝐞𝐢
𝐘𝐞𝐥𝐢𝐬𝐞𝐢
7/10/2026, 7:03:08 PM

–Cielo... Sus gruesos dedos se abrían paso por la cabellera cobriza de su esposa, cuyo rostro se veía oculto bajo los ondulantes mechones. —Cielo —repitió, sus labios posados sobre el oído ajeno—, ¿has dormido bien? La mujer emitió un suave gemido al desperezarse, su cuerpo le pesaba pero hizo el esfuerzo por estirarse para desentumecer sus músculos, la presión la ensordeció por unos segundos, segundos en los que vio los labios de su marido vocalizar. —Perdona, cielo, ¿qué has dicho? —Digo que puedes quedarte en la cama más tiempo si lo necesitas, ¿te traigo algo de comer? —No, no, ya me levanto... Su cabeza le daba vueltas, ¿cómo podía estar tan desorientada? Hacía mucho que no dormía tan profundamente, debía de ser eso, ojalá que fuera eso, no podía ponerse mala. No era buen momento. Palpó la mesita de noche en busca de sus gafas con la mala suerte de dar con ellas tocando el cristal. Suspiró y se incorporó, frotando las lentes contra su camisón. —¿Qué hora es? —Las once... —Cachis, Yelisei debe de haberse despertado ya, voy a prepararle algo de co... —...de la mañana —se apresuró a añadir él–. Son las once de la mañana, cariño. El corazón le dio un vuelco, ¿había dormido toda la noche? ¡Su niño! ¡Su bebé! Salió de la cama espantada por su propia negligencia, ¡su pequeño debía de estar asustado, famélico y...! Por el amor de Dios, ¿y si pensaba que su mamá le había abandonado? Ni siquiera se molestó en calzarse o ponerse el albornoz, corrió a la puerta y tiró del pomo con tal fuerza que dobló la madera por un instante. —Está... Está cerrado... Andrei, ¿dónde está la llave? —Se dirigió a la cómoda, rebuscó entre los cajones de manera obsesiva—, ¡Andrei! ¡Por Dios! ¿Y la llave? —La tengo yo. —¡Abre ya, tengo que ir a ver a Yelisei! ¡No entiendo para qué cierras, nunca cerramos! ¿Y si los niños necesitan algo? —Al menos ahora recuerdas que tienes otro... El murmullo del hombre no pasó desapercibido. La mujer no daba crédito a lo que acababa de oír, ¿en serio su marido acababa de insinuar algo tan cruel? —¿Cómo puedes decirme eso? —¡No...! A ver, no me malinterpretes, pero es que parece que todo gira en torno a Yelisei, Alyona, Maxim también necesita una madre. Cuando estás con él estás tan cansada de pasar la noche en vela que no juegas con él casi y... —¿Cómo te atreves a decirme esto? —La sangre hervía bajo su piel, nunca espero que la mayor de las ofensas viniera de su marido—, ¿cómo te atreves cuando eres tú el que nunca está en casa? ¿El que nunca ha hecho el más mínimo esfuerzo por adaptarte a las necesidades de tu hijo pequeño? —Sabes que eso no es justo, trabajo mucho. Alyona permaneció en silencio, boquiabierta. Tenía que estar soñando todo eso, era imposible que el mismo hombre con el que se había casado le estuviera diciendo tales cosas. —¿¡Y mi trabajo, Andrei!? ¡Lo he dejado todo de lado por NUESTROS hijos! ¡Tú llegas a casa y solo le dedicas un rato a Maxim antes de ir a dormir! ¿¡Es justo para mí!? ¿¡Lo es para ellos!? —Su voz quebraba por la rabia, temblaba tanto que sus gafas se torcieron sobre el puente de su nariz. No podía procesar lo que estaba oyendo, era surrealista—. ¡Ni siquiera le dedicas cinco minutos a Yelisei! ¡La mayoría de noches ni le saludas! —¡Tú lo sobreproteges! ¡Lo que necesita es disciplina, no que le mimes como si fuera un sufridor! —¡Y tú siempre le has rechazado! ¡Actúas como su no fuera tu hijo, como si fuera un... Un monstruo o algo así! ¡Es un niño! ¡NUESTRO niño! Andrei cambió su actitud, estaba claro que no iban a salir de ahí sin discutir y, de mecha corta como era, alzo su voz por encima de la de ella. —¡Mira quién fue a hablar! ¡Tú eres la que no lo trata como a un niño normal! —Porque no es normal, Andrei, ninguno de nuestros hijos lo es —su mirada se volvió borrosa, escocían sus ojos, las lágrimas solo eran cuestión de tiempo—, pero claro, Maxim es muy fácil de querer, ¿verdad? No llora, es obediente, es listo es lo que cualquier padre desearía, ¿a que sí? Es tan fácil quererle que hacer el esfuerzo por el segundo no merece la pena. El rostro de Andrei enrojeció, sin embargo, ni una sola palabra en su defensa salió de su boca. Las primeras lágrimas cayeron sobre la alfombra, Alyona deseaba estar equivocada con todo su ser, pero la realidad era otra: su marido, el padre de sus hijos, amaba a uno y repudiaba al otro. —Yo le quiero... —No me mientas, Andrei... —Hablo en serio —se acercó a la mujer despacio, tomó su rostro para secar su pena—, amo a nuestros dos hijos, pero no podemos vivir priorizando las necesidades de uno. Escúchame... Sé que es pequeño, pero solo necesita una rutina y podrá ser como todos los demás niños de su edad, ¿vale? No mereces malgastar tu salud cuando podemos hacer lo que es mejor para él. Alyona se mordió el labio, sabía que tenía razón hasta cierto punto, mimar a Yelisei le traería más problemas de los que le resolvería, ¿pero qué otra cosa podían hacer? Abrazó a su marido con fuerza, no solo sus hijos le necesitaban, ella también lo hacía. Necesitaba a su compañero y amado, necesitaba su apoyo para poder salir adelante. —Te quiero. Susurraron al unísono justo antes de compartir un beso de perdón. La paz fue agradable, aunque no duró tanto como esperaban. —Entonces... ¿Qué hiciste con Yelisei anoche? —Le mandé a la cama. —Pero... Pero él no duerme de noche, Andrei. —Claro que sí, me puse serio y se quedó en su cuarto. Para asegurarme de que esta noche está cansado, le levanté junto a Maxim, están jugando en el jardín. El empresario sonreía satisfecho con su manera de lidiar con la situación, según sus palabras todo había salido como la seda. La mujer retrocedió horrorizada, sabía que eso no funcionaría. —¿Qué...? —Están bien, Maxim ea responsable para su edad. Un agudo chillido resonó por toda la casa, hizo temblar sus cimientos y cristales, provenía de fuera, del jardín. Era un niño llorando. Yelisei. —¡ABRE LA PUERTA, ANDREI! —Alyonushka... —¡DÉJATE DE "ALYONUSHKA", ABRE LA PULETERA PUERTA! Andrei inspiró, pensó que esta pelea habría servido para rebajar la obsesiva relación de su mujer con el pequeño, pero se equivocaba. —No. —¿¡Cómo que no!? ¡Andrei, está llorando! —No debemos ir siempre que llora. No, no seguría discutiendo, no con un hombre más tozudo que una mula. Saltó sobre él para arrebatarle la llave de su habitación, el problema era que Andrei la superaba en fuerza con creces y detenerla agarrando sus muñecas no era difícil. —¡Mírate! ¿¡Crees que esto es normal!? —¡Andrei, tengo que ir! —¡Estás enfermando! ¡Has ido al hospital dos veces en el último mes por desmayarte! ¡Todo por ese niño! —¡Es mi hijo! —¡Por esto te tuve que poner pastillas anoche! ¡Estás loca! Alyona detuvo sus intentos de huir. Cuando pensaba que su corazón no podía partirse más ahí llegaba una nueva traición. Ella no se durmió, él la obligó en contra de su voluntad. —¿Me drogaste...? —Cariño, no lao digas así, por favor... Lo hice por tu bien, ¡no es como si fuera un desconocidoque quiera provecharse de tí! Se zafó de sua agarre con un movimiento brusco. —No... Es peor, eres mi marido aprovechándote de mi confianza. Andrei no parecía orgulloso de lo que había hecho al confesarlo, pero después de esas palabras de ella todavía menos. ¿Por qué era incapaz de entender que lo hizo por ella? ¿Porque la ama? ¿Porque no quiere perderla? Supo en ese momento que la fisura que se había creado entre ambos sería difícil de arreglar, probablemente imposible, así que decidió hacer lo único que se le ocurrió en ese momento. Le cedió la llave. —¡Yelisei! La mujer salió al jardín corriendo, llamaba a sus hijos desesperada, el llanto del más pequeño no sonaba muy lejos. Cuando la garganta le empezó a doler, Maxim apareció a medio vestir caminando muy despacio, hacía de lazarillo para su hermano pequeño tomándole por las manos; Yelisei tenía el rostro cubierto con la camiseta del mayor en un intento de turbandte que le cubría los ojos, había restos de sangre en su cara, ropa y manos. —Mamá está aquí, no llores más —le susurró con un cariño y paciencia sorprendentes para su edad. —Mami... —Estoy aquí, cariño, no pasa nada, ven, ven aquí. Alyona se arrodilló para tomar entre sus brazos al más pequeño cuyo llanto se había vuelto silencioso. Sus manitas buscaban la cara de su madre, acariciaban su mentón y labios mientras la llamaba débilmente, ella le consolaba. Abrazó también a Maxim, su pequeño héroe, y beso su frente. Detrás de ellos, en el marco de la puerta que daba al jardín, Andrei observaba la escena compungido. Les había fallado a los tres, se había equivocado. Alyona jamás se lo perdonaría.

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