𝐘𝐞𝐥𝐢𝐬𝐞𝐢
𝐘𝐞𝐥𝐢𝐬𝐞𝐢
7/10/2026, 6:25:06 PM

El constante chiporroteo del agua despertó al niño. La lluvia golpeaba las ventanas del coche con fuerza, deformando la visión del exterior. —Mira, cielo, aquí creció mamá —anunció su madre, estrechándolo más fuerte contra su pecho—. Ahí se casaron tus abuelos, se llama la catedral de Wawel. El pequeño pareció espabilar poco a poco, interesado por ese nuevo lugar. Prácticamente se pasó todo el vuelo y paso por los aeropuertos dormido, a su madre la felicitaron por tener un niño tan bueno, como si no hubiera planeado ella misma viajar durante el día para que su hijo no fuera perturbado por las ansiedades de los viajes largos. El teléfono móvil de la mujer comenzó a sonar, un Nokia 7650 con su característica melodía digitalizada. Al ver en la pantallita el nombre del que llama no pareció sorprendida, sino molesta e incluso algo asustada. Simplemente colgó el móvil y lo guardo, chasqueando la lengua; la melodía no ha dejado de sonar desde que bajaron del avión y aunque no lo dijeran en voz alta en ningún momento, ambos sabían quién era el que tan insistentemente llamaba. El taxi en el que están salió de la parte mas urbanística de Cracovia y para adentrarse en una carretera del bosque de las afueras, ésta llevaba hasta un antiguo palacete, no tan grande como el de ellos pero igual de antiguo y hermoso. Una vez pagó la mujer, abrigó bien al niño y bajaron juntos del coche, corriendo apresurados desde el portón de la finca a la entrada de la casa, empapándose en el proceso. La madre llama a la puerta y quien abrió la reconoció al instante, sorprendiéndose gratamente por su visita. Era una mujer anciana, parte del servicio del hogar. —Siento muchísimo venir sin avisar, ¿está mi hermano? —Claro que sí, querida. Ven, ven conmigo, vamos al salón para que entréis en calor. —Siguieron a la mujer por los pasillos hasta un cálido salón con una chimenea encendida. La anciana atendió sin demora al más pequeño, despojándole de su abrigo mojado y cubriéndole en una manta—. ¿Así que tú eres el famoso Yelisei? No me puedo creer que haya tardado 6 años en conocerte, tu madre ya no nos visita tanto. Aunque aquel comentario fue sin maldad, el rostro de la mujer más joven se tornó vulnerable por un instante. Solo el Yelisei se fijó en ello. Tras repetir el mismo proceso con la madre, la anciana salió en busca del anfitrión. —Mira, cariño, esta soy yo cuando tenía tu edad —tomó en brazos a su niño para mostrarle las fotos del estante—, y este niño más grande es tu tío. No te acordarás de él porque le viste cuando eras un bebé y... —¡Papá! Otra foto con ellos de adolescentes llama su atención; en esa imagen no son dos, sino tres los que salen posando para la cámara y reconocía perfectamente a su padre. En el rostro de la mujer se formó una sonrisa triste, si tan solo pudiera explicarle a su niño todo... —¡Alyonushka! ¿Pero qué haces...? ¿Ese es mi sobrinito? —Un hombre grande apareció en albornoz por la puerta, yendo directamente a saludar a la invitada sorpresa con un fuerte abrazo y besos. Se parecía bastante al padre del niño: grande, ruidoso...— ¡No esperaba verte aquí! Ni hoy, ni ahora, ni en general, si te soy sincero. La madre de Yelisei no respondió, aunque sus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando el hombre captó que algo grave ocurría, hizo el esfuerzo de sonreír con normalidad. —Este campeón debe estar agotado, ¿qué tal si le llevas a una habitación? —le pidió a la anciana, quien no tardó en acceder. — Ven conmigo, pequeño, ¿tienes hambre...? La mujer se lo llevó de la mano con la dulzura de una abuela, aunque Yelisei no podía prestarle menos atención, ¿estaba su mamá llorando? Justo al dar la vuelta a la esquina vio como el hombre, su tío al parecer, la abrazaba con fuerza. Las horas pasan y el niño, como todas las noches, no era capaz de dormir, así que salió de su cuarto y bajó las escaleras hasta el salón donde pudo escuchar parte de la conversación a escondidas tras la esquina. —...de verdad que no sé qué hacer, Bazyli. Quiero que sea feliz, que crezca siendo un niño normal, pero su padre... Andrei no lo entiende, él ve un demonio. Lleva llamándome desde que se dio cuenta de que me fui de San Petersburgo. —¿Sabe que estás aquí? Deberías decírselo al menos. —Sé que se lo imaginará, me conoce bien y a ti también, pero ahora mismo... No puedo ni mirarle. —Andrei te quiere con locura, siempre lo ha hecho. —¡Y yo a él, Bazyli! ¡Pero el problema es que odia a nuestro hijo! ¡No puedo perdonarle eso! —Shhh... Vas a despertar a los niños, serénate, por favor. —¡No me digas que...! No me trates como si fuera una loca. —No creo que estés loca. —Es mi hijo, Bazyli, mi hijo. Quiero cuidarlo, protegerlo, que sea feliz, ¿qué es tan difícil de entender? —No es un niño normal, Alyonushka. —¡Maxim tampoco! ¡Pero a él lo tratáis como a un santo! ¡Como a Cristo resucitado! —¡Perdón por querer a tu hijo! —¡ESO NO ES QUERER! ¡Es devoción religiosa, es idealización! ¡Mis niños no merecen nada de esto! —Me temo que eso no lo puedes elegir tú. —¡Claro, que no! ¡Yo solo soy un vientre! ¡El juguete de no uno sino dos dioses que siempre imaginé que eran cuentos de hadas! ¡No soy una puta muñeca! ¿¡Por qué me escogieron!? ¡Es repulsivo! ¡Deshumanizante! ¡Me robaron la posibilidad de una familia normal! ¡Mi niños no merecen esto y Andrei es incapaz de verlo como yo! ¡Se ha vuelto loco! —¡No está loco! Quiere a tus hijos, Alyonushka, pero tiene miedo de... Él. —Yelisei. Bazyli, se llama Yelisei, y por si no lo sabías es el niño más dulce y cariñoso que he conocido. Hubo silencio durante unos momentos, luego siguió hablando la mujer. —Andrei y tú sois exactamente iguales, ¿lo sabías? Siempre lo habéis sido. Tras un largo suspiro, Bazyli se levantó y dejó suaves palmaditas en el hombro de su hermana pequeña. —Vamos a la cama, es tarde y hasta viajado mucho, necesitas descansar. Mañana hablaremos de esto. Ante esto, Yelisei corrió escaleras arriba y se metió en su cama de un salto para que no lo pillasen. En realidad todo eso ya lo sabía: que su padre le temía, que su madre sufría por ello, que no es normal... Aún así, las lágrimas se deslizan por su pálido rostro. No le gustaba llorar delante de su madre, ella hacía mucho para poder verle sonreír, así que era en momentos de soledad como ese donde se permitía dejar salir sus emociones. Al día siguiente todo fue bien, aunque claro, era porque Yelisei dormía. Puede que Bazyli supiera sobre su secreto, pero a los demás de la casa, incluido el hijo de Bazyli, se les explicó que estaba resfriado por la mojadura de anoche. Nada más lejos de la realidad, si algo podía tranquilizar a Alyonushka como madre era saber que por alguna razón sus niños nunca se ponían enfermos. No fue hasta la noche que Yelisei salió de su habitación, mágicamente "recuperado", y por fin su primo y él se conocieron. Tenían la misma edad y sus personalidades encajaron casi al instante, puede que ayudara la euforia de que Bazyli le diera permiso para acostarse más tarde precisamente por poder coincidir algo su primo. Pasaban las horas y todo iba bien, dos niños jugando frente a la chimenea, vigilados por sus padres, y comportándose como verdaderos angelitos. —¡Papá! ¿Puedo enseñarle a Yelisei el perrito? —Claro, campeón, pero recuerda dejarlo luego en su habitación que si no muerde los muebles. —¿Tienes un perro encerrado en una habitación? —Alyonushka enarcó una ceja, jamás había oído hablar de tal cosa. —A ver, dicho así parece que maltratamos al bicho... Apareció la semana pasada en el jardín y lo acogimos, es un cachorro y como no está adiestrado lo dejamos en una salita que no usamos, pero vaya, que es un cuarto muy grande y lo sacamos a menudo al jardín. Oye, ¿te apetece una copa? —Claro, ¿qué tienes? —Ven conmigo a la bodega y eliges, tenemos... Los adultos marcharon y tan pronto salieron por la puerta apareció su primo de nuevo con un cachorrito colgando entre sus brazos. —¡Mira! ¡Mira! —Hala, qué bonito. ¿Cómo se llama? —No tiene nombre, pero papá le llama "puto perro" cuando se mea en casa. Ambos niños rieron sabiendo que quedaría como un secreto el hecho de que dijera un taco. —¿Puedo tocarlo? —¡Claro! Es muy bueno, se dejará. Sin embargo, en cuanto el ruso acercó la mano el perro empezó a gimotear asustado, pegándose contra su dueño en busca de protección. —Uy, qué raro... Venga, perrito, que es mi primo —decía aquello con especial orgullo, no sabía que tenía un primo y se le hace una gran novedad. Aunque al perro no parecía importarle, seguía aterrado. Yelisei volvió a acercar la mano, lo cierto es que estaba nervioso. El perro temblaba y se retorcía asustado, y cuando los dedos del niño estaban a su alcance le dio una dentellada. El niño se agarró la mano y retrocedió, mirando con gran impresión al perro que ahora le ladraba feroz y mostraba sus colmillos. Se miraban fijamente el uno al otro, como en un reto, y mientras uno ladraba el otro guardaba silencio, muy serio. #TW #Blood Los adultos seguían intentando escoger botella, oían los ladridos aunque no dieron mayor importancia a estos; cuando de pronto cesaron y escucharon el desgarrador grito de uno de los niños se miraron y corrieron escaleras arriba para encontrarse con una escena nauseabunda: en el suelo frente a la chimenea, justo donde jugaban los dos niños, yacían pedazos del cachorro y un amplio rastro de sangre con su origen donde aún queda una parte más reconocible del animal entre ambos niños. Los pequeños estaban cubiertos de sangre, uno lloraba y gritaba asustado, el otro guardaba silencio mientras contemplaba las consecuencias de lo que acababa de ocurrir. Lentamente sus ojos se deslizaron hasta llegar a los de su madre, solo cuando vio el rostro de horror en ella pareció volver a la normalidad.- —Mami. Fue lo único que dijo antes de correr a sus brazos en busca de consuelo y protección. Alyonushka y Bazyli se miraron. Su visita había terminado.

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