El rasgo más significativo que Cortázar menciona sobre su escritura es la relación entre la fantasía y la realidad, y cómo las fronteras entre ambas se desdibujan. Este aspecto es claramente evidente en “La noche boca arriba”. A lo largo del cuento, el ciclista alterna entre dos vidas: la “realidad” de su vida cotidiana, donde sufre un accidente y es hospitalizado, y el “sueño” azteco, en el que se encuentra prisionero y destinado al sacrificio. Al principio, el lector tiende a interpretar que el mundo hospitalario representa la “realidad” del personaje. Sin embargo, los elementos de la fantasía azteca se vuelven cada vez más intensos y tangibles. La línea entre lo real y lo imaginario se vuelve difusa. Finalmente se revela que el sueño azteca era realidad. Los sueños del ciclista en el hospital se habían vuelto tan vívidos que no podía distinguirlos de la realidad. La experiencia del ciclista demuestra cómo la mente puede ser absorbida por la fantasía hasta el punto de perder contacto con la realidad. La culminación de la historia, con la muerte del personaje en la visión azteca, refuerza la idea de que perder la conexión con la realidad puede tener consecuencias serias. No se trata necesariamente de que la fantasía siempre conduzca a la muerte, sino de cómo perder contacto con la realidad puede hacer que una persona descuide su bienestar, sus responsabilidades, y sus relaciones. Cortázar utiliza esta técnica para explorar la fragilidad de la percepción humana y la delgada línea que separa lo real de lo fantástico.
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