A mi me gusta “Volverán las oscuras golondrinas,” por Gustavo Adolfo Bécquer porque transmite mucha emoción a través de descripciones de la naturaleza. Aunque es dirigido a otra persona, el poema siente más como una meditación triste en los cambios inevitables de la vida y las relaciones. “Rima XI”, como diálogo, muestra una relación actual y aunque trata de los decisiones autodestructivas hay un tono más vivo que el voz narrativo triste de “Volveran.” Para la forma poética, ambos poemas tienen el pie quebrado que sirve para poner énfasis en la última línea de la estrofa. En “Rima XI,” los primeros tres versos de cada estrofa tiene once sílabas con muchas sinalefas. Cada estrofa termina con una pregunta a las mujeres al otro voz en el diálogo, que se supone que es un hombre, que solo tiene cinco sílabas. Entre las estrofas de cuatro líneas, hay otra voz en el diálogo aceptando o rechazando las ofertas de amor de las mujeres que simbolizan arquetípicas femeninas. En estas líneas de solo cuatro sílabas, puedes ver el desarrollo del otro voz. No quiere amar a la mujer apasionada o la mujer tierna y pura. En cambio, como una soneto, “Rima XI,” tiene un vuelto, o un punto de cambio, donde el voz masculina decide amar a la mujer que no puede volver el favor. A mi no me gusta el tema de este poema donde el personaje elige el tipo de amor que va a echarlo lo más daño posible. También, no me gusta que las mujeres incluidas en la poeme fueron generalizadas con estereotipos; Las mujeres típicamente sólo pueden ser puras y amantes o sensuales y apasionadas. No hay espacio para la complejidad o punto de vista de la mujer, sólo la perspectiva reducida de un hombre como Bécquer. En “Volveran,” la mayoría de los versos tienen once sílabas, o son endecasílabas, mientras las últimas de la estrofa solo tienen seis. Además, al final de las segunda y cuatro estrofas, terminan con el mismo estribillo: “¡esas… no volverán!.” Cuando los versos empiezan con la palabra “volverán” que insinúa esperanza para el amor o la continuación de una relación de la misma manera que antes, el estribillo rechaza esta posibilidad, confirmando que lo que ha cambiado nunca volverá a ser lo que era. Prefiero este poema porque habla de la temporalidad del amor. Fiel al género romántico, Becquer usa imágenes de la naturaleza para mostrar el paso del tiempo. A veces solo puede pertenecer a un punto de tiempo o etapa de la vida específico y el amor no puede sobrevivir los cambios de la vida. Me gusta más el tono lastimero, que piensa con felicidad en los tiempos pasados aunque nunca pueden pasar otra vez.
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