Aunque ambos poemas me interesan mucho, el que prefiero un poco es Rima LIII. Para explicar por qué, tendremos que explorar las diferencias entre léxico, métrico, y rima y sus relaciones con los rasgos de la poesía romántica. Para empezar, ambos poemas combinan aspectos de arte mayor y menor en su métrica. Las estrofas típicamente siguen el arte mayor pero terminan en arte menor. Esto establece un formato de llamada y respuesta en cada poema. Por ejemplo, en Rima XI, la primera estrofa termina en las frases, “¿a mí me buscas? -No es a ti, no.” lo cual nos introduce al formato del poema. En Rima LIII, Becquér hace algo similar, utilizando el tiempo futuro al final de cada estrofa. Para mí, lo prefiero en Rima LIII por su dramatismo. El énfasis en la última sílaba de la palabra lo hace divertido de leer en voz alta, y el final de cada estrofa funciona como el preludio de un chiste cuyo remate llega al final del poema. También, prefiero Rima LIII porque sus temas son más prototípicos de la poesía romántica que Rima XI. Aunque ambos exploran temas de misterio y exploran los límites del amor, Rima LIII lo hace con más éxito por el uso de imaginería de naturaleza. En este poema, Becquer compara los ciclos del mundo natural a la naturaleza fugaz de la conexión humana — perfectamente romántico. Él habla de cómo las flores se volverán, pero nadie va a amar o recordar a su amante como él hacía. Este poema me hace sentir tanto la calma de un día en el campo como la melancolía de la pérdida. Me recuerda que hay belleza en los momentos fugaces y que nada debería durar para siempre. Y aunque Rima XI me hace reír más con el hombre enamorado del misterio, nada puede hacerme sentir tan nostálgico como Rima LIII. Por último, quisiera hablar un poco sobre el uso de la rima en cada poema. En realidad, prefiero las rimas en Rima XI. ¡Sigue la estructura de ABAB CDCD EFEF y también alterna entre las rimas consonantes y asonantes! ¡Que interesante! Para mí, esto lo hizo mucho más divertido de leer en voz alta — Me sentí como si estuviera lanzando un hechizo. Mientras, Rima LIII depende de las rimas asonantes, que para mí, es menos interesante y ojalá que Becquer hubiera aprovechado la oportunidad para hacer más… En total, me encantaban ambos poemas, pero Rima LIII tocó mi alma de una manera profunda.
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